¿Enamoramiento u obsesión? 

amor u obsesión

El amor y la obsesión son dos conceptos muy diferentes que se confunden y solapan con mucha facilidad.

Cuando conocemos a una nueva persona, en muchas ocasiones se disparan nuestras expectativas y obsesiones ante la posibilidad de crear un espacio donde podamos recibir y expresar afecto. Se comienza entonces a crear una fantasía, en la que normalmente se cubren las necesidades propias de cada unx. La motivación, ante la aparición de esta persona, queda entonces muy centrada y dependiente de esta. De cierta manera, esta persona se convierte en un objeto externo sobre el que se proyectan estas expectativas. 

Es útil preguntarse, cuando tenemos este tipo de experiencias, qué parte de la relación que se produce es en realidad entre uno mismo y su propia expectativa. De esta manera, la persona sobre la que proyectamos queda en muchas ocasiones sin ser conocida o vista con claridad.

Cabe preguntarnos, por tanto, si estamos enamorados de una persona o de una situación idílica y fantasiosa donde nuestras necesidades y carencias afectivas son cubiertas. 

Este fenómeno explica cómo, en ocasiones, cuando estamos proyectando esta expectativa sobre una persona y aparece otra que llama aún más nuestra atención, la proyección y el afecto quedan transportados con una facilidad sorprendente hacia esta nueva persona. 

La proyección sobre la que hablamos es un proceso que existe en todxs nosotrxs y que dependiendo de las vivencias afectivas de cada unx se vivirá con una intensidad u otra. Sí es cierto que las obsesiones y compulsiones que se llegan a generar en el contexto de este proceso, son semillas que causan insatisfacción.

En un vínculo seguro la disponibilidad y el cuidado son esenciales. Sin embargo, es importante cuidar también cuánta de esta proyección que tenemos sobre el otro se convierte en una demanda o exigencia. 

Mirar con honestidad qué pasa en nuestro interior cuando ocurren estas situaciones es una oportunidad de conocer y reconocer qué, cuánto y de qué manera necesitamos el vínculo, el afecto o la intimidad. Conocer nuestras necesidades e historia afectiva puede ayudarnos a lidiar mejor con estas expectativas y a diferenciar los fenómenos de obsesión, dependencia y amor.

 

Por tanto: 

– Disponer de herramientas para cuidarnos y protegernos si la vivencia resulta demasiado intensa o desbordante.

– Saber gestionar y expresar nuestras necesidades afectivas sociales de una manera sana y consciente. 

– Diferenciar con mayor claridad y ponerle palabras a todo lo qué nos está ocurriendo.

 – Encontrar dentro de sí un espacio de calma, satisfacción y compañía al que poder volver.

 

Pueden hacer del enamoramiento una experiencia más amable, honesta y consciente.

Como decía el poeta Khalil Gibran: “El amor no toma más que de sí mismo. Porque el amor es suficiente para el amor”.

Autor: Mauricio Peña Lebrón

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