Las relaciones de pareja suelen despertar emociones intensas. Necesitamos sentirnos queridos, comprendidos y seguros, pero también podemos experimentar miedo al rechazo, inseguridad o dificultades para confiar.
Con frecuencia se atribuyen estas experiencias exclusivamente al apego, aunque la realidad es mucho más compleja.
Lo que ocurre cuando nos vinculamos emocionalmente
Las relaciones íntimas activan necesidades profundas relacionadas con la cercanía y la protección.
Por ello es habitual que aparezcan comportamientos destinados a recuperar una sensación de seguridad cuando percibimos amenaza emocional.
No todo depende de la infancia
Las experiencias tempranas tienen una gran influencia, pero no son el único factor que explica cómo nos relacionamos.
Las relaciones posteriores, las experiencias de pérdida, las rupturas o los acontecimientos vitales también contribuyen a configurar nuestros patrones vinculares.
Ansiedad y evitación no son tipos de apego
Tendemos a identificar determinados comportamientos con etiquetas como “apego ansioso” o “apego evitativo”.
Sin embargo, la ansiedad relacional y la evitación son estrategias de afrontamiento que pueden aparecer en cualquier persona en momentos de vulnerabilidad.
Como señala Manuel Hernández (2019), la evaluación del apego requiere considerar procesos mucho más amplios relacionados con la regulación emocional, la organización de la memoria y la capacidad de mentalización.
Comprender nuestras relaciones desde una mirada más profunda
Cuando entendemos nuestras dificultades relacionales desde una perspectiva amplia, dejamos de buscar explicaciones simples y comenzamos a comprender la complejidad de nuestra historia emocional.
Ese suele ser uno de los objetivos fundamentales del proceso terapéutico.
Bibliografía
Hernández, M. (2019). Apego y psicopatología: La ansiedad y su origen. Bilbao: Editorial Desclée de Brouwer, S.A.
